Me ha propuesto JJGN preparar para el 27 de noviembre próximo una sesión formal en el ámbito del seminario P&C. Paso a presentar algunas ideas de lo que tengo en mente, aprovechando para pedir asistencia, sugerencias, comentarios, referencias bibliográficas, etc.
Cuando se habla de interpretación alegórica de la Biblia, normalmente se entiende que ese tipo de interpretación se contrapone a la interpretación histórica, como búsqueda del “sentido literal” (o, incluso, de la “intentio auctoris”). Lo que me interesa poner de manifiesto es que, desde un punto de vista semiótico, un cierto tipo de lectura histórico-crítica tiene mucho común con la lectura alegórica, en cuanto que ambas se construyen a partir de la “disgregación” del texto, o sea, de un texto concebido como fichero de datos (interpretación histórico-crítica) o como conglomerado de imágenes de diversas realidades (interpretación alegórica). Desde este punto de vista, lo opuesto a lectura alegórica no es interpretación histórico-crítica, sino lectura simbólica.
Algunas consecuencias de esto:
1) El texto (“tejido”) es de suyo un artificio unitario. Por eso, sólo impropiamente se puede hablar de la alegoresis o de los métodos histórico-críticos como tipos de interpretación, más bien se trataría de dos tipos de uso del objeto textual para un fin distinto de aquel para el que fueron creados (vid. U. Eco, «I limiti dell’interpretazione»).
2) Aún hoy existe en los estudios bíblicos la tendencia a confundir la contextualización histórica de la lectura con el uso del método histórico-crítico, hasta el punto de considerar este último como algo irrenunciable y necesario para la exégesis bíblica. Esta confusión se comprende si se tiene en cuenta que la crítica al método histórico-crítico ha llevado, en algunos ámbitos, a posiciones que radicalizan el papel del lector en el proceso de lectura (“intentio lectoris” como fin de la interpretación).
3) Otra dificultad para la comprensión de la ecuación alegoría-historia-símbolo está en la idea de historiografía forjada en el positivismo que, a pesar de la edad, todavía goza de una cierta buena salud. En ese mundo conceptual la oposición entre historia y ficción es neta, clara e irresoluble y se considera equivalente a la oposición verdadero-falso. Esto, que ya así sería bastante problemático, se agrava aún más en el momento en que se reduce la verdad a certeza.
4) En la Biblia no hay crónicas (lista de hechos sin estructurar), que serían un objeto adecuado para una metodología histórico-crítica. Es lógico que así sea, porque al fin y al cabo contar la historia es siempre contar una historia. En cambio sí hay textos alegóricos, como p. ej. la alegoría de vid o la del buen pastor en el cuarto evangelio pero, al menos en el caso del evangelio de S. Juan, la alegoría está al servicio del símbolo, ya que el texto no es “La alegoría de la vid y los sarmientos”, sino el “Evangelio según S. Juan” (o a nivel macrotextual “La Biblia”).
Bienvenido, Rafa. Y muchas gracias por esta tu primera aportación. Espero que CJ tome buena cuenta de ella, y nos dé aquí una primera respuesta a tus propuestas e ideas. Yo tomo nota, y también de las peticiones de CSB y de NGG, y pido un poco más de tiempo para pensar, antes de decir algo sobre alegoría y simbología literarias. Sobre todo teniendo a la vista el horizonte bíblico: sin pensarlo un poco, no sabría situar intelectualmente bien la alegoría y el símbolo con ese horizonte a la vista. Por eso espero con gran interés lo que CJ nos dirá.
Posted by: JJGN | Oct 31, 2003 at 03:21 PM
Posiblemente la diferencia entre alegoría y simbolo sea un monstruo como Shrek, formado por sucesivas capas como las cebollas. No sé si lo que sigue entorpecerá o facilitará la cuestión. Creo que la bibliografía citada es conocida por todos. Si fuera necesario, la añadiría más adelante con mayor precisión. En cualquier caso, la sesión de Carlos Jódar promete ser muy interesante.
1.Para afrontar una interpretación alegórica y simbólica de la Biblia, me parece conveniente, un poco popperianamente, establecer tres mundos:
“Mundo 1” son los acontecimientos sucedidos entre “En el principio creó Dios el Cielo y la Tierra” y el momento final de la redacción del Apocalipsis por parte de San Juan.
“Mundo 2” son la parte de esos acontecimientos que aparece narrada en la Biblia, tal como refiere Juan 20,30-31: “Muchos otros signos hizo Jesús, que no han sido escritos en este libro. Sin embargo, estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre”.
“Mundo 3” son los libros que se podrían escribir acerca de los acontecimientos que sucedieron entre “En el principio hizo Dios el Cielo y la Tierra” y el momento final de la redacción del Apocalipsis y a los que se refiere Juan, 21,25: “Además hay otras muchas cosas que hizo Jesús y que, si se escribieran una por una, pienso que ni aun el mundo podría contener los libros que se tendrían que escribir”.
2.La Biblia tiene dos características: la primera es que no existe ningún libro que cuente cosas anteriores. La Biblia es el primer Libro. Ningún libro puede contar las cosas que hayan sucedido antes de “En el principio...”.
La segunda característica es que todo lo que se pueda escribir después, ya está escrito allí. Como se podría decir parafraseando a Genette, la Biblia (Mundo 2) es la expansión todo lo monstruosa que se quiera, del texto de Juan 20,30-31 y el resto de la producción literaria de los hombres (Mundo 3) es la expansión todo lo monstruosa que se quiera de Juan 21,25.
No existe ninguna duda de que la Biblia (Mundo 2) es un Libro: aunque tenga muchas partes distintas de géneros literarios distintos, aunque haya sido escrito a lo largo de muchos siglos, aunque tenga autores principales y secundarios, desde el momento en que se acaba su redacción con el Apocalipsis, mantiene su unidad de El Libro porque las discrepancias acerca de si algunas partes de su contenido le pertenecen o no son prácticamente irrelevantes respecto al conjunto del Texto.
3.La Biblia es un texto articulado (por oposición a lo que sería un texto inarticulado, una sucesión de gritos y palabras inconexas, amontonadas de cualquier manera) por una razón poética que se expresa en Juan 20,30-31 desde un punto de vista narratológico tan preciso como pueda ser Ulises vuelve a Itaca o Marcel se hace escritor.
4.Posiblemente –esta es mi propuesta- no se pueda analizar un libro que es “El Libro” en sus aspectos alegóricos, simbólicos e históricos sin analizarlo en conjunción con textos del Mundo 3, sobre todo por la extraordinaria peculiaridad de que no existe ningún libro anterior a él y, en cambio, hay una infinidad de libros posteriores, escritos con referencia a él, que deben su existencia como texto a la relación que mantienen con el texto de la Biblia.
La dificultad más grande para entender la Biblia como texto radica posiblemente en que no narra un presente entre el perdón por las acciones anteriores al texto y la promesa para las acciones posteriores a él. Cualquier otro texto se localiza según un antes y un después salvo éste, que no tiene un pasado anterior y, digamos fuertemente: “sólo tiene presente y futuro”.
5.En el Mundo 3 cada uno propone lo que mejor le venga entre la multiplicidad de representaciones de la Biblia que pueda conocer. Yo voy a proponer dos: el Decameron de Bocaccio y el Quijote de Cervantes. Son dos textos de estructura muy similar a la Biblia, como hechos de un acopio de materiales de muy distinta procedencia pero orientados, articulados en un sentido unitario.
El Decameron plantea la instancia vital de los actores del relato como una espera entre la vida y la muerte a la que hay “necesariamente” que dotar de sentido para que no desaparezca en la nada. Es una historia de salvación enteramente bíblica, un excursus del Mundo 2 en el Mundo 3 en la línea señalada por Juan 21,5, y no se podría entender sin un conocimiento simbólico de Mundo 2.
El Quijote es una historia de redención personal del actor principal, que así redime a la Humanidad entera, como a pesar suyo, y de las dificultades de todo tipo. Quijote es un redentor demasiado humano, pero dispuesto a afrontar la tarea a la que ha sido llamado.
6.He escogido El Decameron porque hay un texto clásico del análisis alegórico-simbólico en la obra de Todorov, “Gramática del Decameron” y El Quijote porque hay maravillosas obras de análisis desde el punto de vista del autor: yo destacaría “El pensamiento de Cervantes” de Américo Castro que relatan muy bien la presencia de la Biblia en el texto cervantino.
7.Estas obras de Mundo 3 se comportan respecto a la Biblia (Mundo 2) como expansiones todo lo monstruosas que se quiera de Jn 21,5, del mismo modo que la Biblia (Mundo 2) se comporta como expansión todo lo monstruosa que se quiera de Jn. 20,30-31, pero tienen antecedentes y consecuencias, se comportan como un microcosmos de más fácil entendimiento que la Biblia, como sinécdoques de Mundo 2, utilizando esta palabra en su sentido fuerte de representar el todo en alguna de sus partes.
Posted by: rafael guijarro | Oct 31, 2003 at 01:22 PM
Comparto esa sugerencia. Quizá JJGN también podría hablar de lo que entiende él por ambos términos, en el contexto de la recepción de obras poéticas.
Posted by: csb | Oct 30, 2003 at 01:13 PM
El seminario promete ser interesante, por el tema. Sugiero al ponente no dar por descontado que la diferencia entre la alegoría y el símbolo sea clara. Yo no la tengo clara. Una introducción "canónica" -pues sé que la discusión académica sobre la diferencia es inabarcable- sería necesaria al inicio del seminario.
Posted by: norberto g. gaitano | Oct 30, 2003 at 11:09 AM