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Listed below are links to weblogs that reference Graham Greene, sólo "un escritor en el que se da el caso de ser católico" ?:

Comments

csb

Como había prometido, Miguel Castellví nos envía un resumen de El factor humano, de Graham Greene.

De parte de Marcel Sekatcheff y de todos, muchas gracias.
csb

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Resumen de El factor humano

El descubrimiento de una fuga de información en una pequeña subdivisión de los servicios secretos británicos es el desencadenante de El factor humano, una novela que Graham Greene tuvo mucho tiempo –diez años- en el cajón, en parte porque no le satisfacía plenamente y en parte, porque su escritura coincidió con la fuga de Kim Philby, agente secreto británico que trabajaba para los soviéticos y terminó huyendo a Moscú. El espía de la novela, explicó más tarde el autor, no tiene nada que ver con Philby, pero a Greene le molestaba que alguien pudiera pensar que había escrito un roman a clef.

El protagonista de El factor humano es un agente británico que durante unos años ha realizado un peligroso trabajo operativo en Sudáfrica. Allí se enamoró de una de sus informadoras y huyó con ella. Se casaron y regresaron a Inglaterra. La novela inicia cuando a Castle, nombre del agente, le falta poco para la pensión y lleva una vida rutinaria igual a la de cualquier otro funcionario tomando el tren de la mañana para llegar puntualmente a su oficina y regresando a su casa en Berkhamsted a las 18,35 de la tarde. El objetivo de Greene es reflejar la parte gris y monótona del trabajo de los espias, que conoció muy bien pues durante la guerra trabajó para el servicio secreto de Gran Bretaña, primero en Africa y después en Londres. Pero un gran escritor como Greene no se queda en la superficie: entra en los sentimientos de sus personajes y en los conflictos que les provocan.

El factor humano es sin duda una buena novela –comparada con lo que hoy hay por ahí habría que decir una excelente novela-, y vale la pena leerla, aunque no sea tan redonda como otras obras de Graham Greene.

Miguel Castellví

csb

Miguel Castellví, que conoce muy bien a Graham Greene, me ha enviado unas notas que pueden servir como primera orientación sobre The Human Factor.

Como no encuentra en ningún sitio un buen resumen de la trama, se ha ofrecido a hacer uno, en un par de párrafos, que enviará más adelante.

De antemano, gracias.

csb

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La mejor web sobre Graham Greene es


http://members.tripod.com/~greeneland/index.htm


Sobre The Human Factor, hay esta interesante cita de Greene (siempre en esa web):


Graham Greene on The Human Factor:

My ambition after the war was to write a novel of espionage free from the conventional violence, which has not, in spite of James Bond, been a feature of the British Secret Service. I wanted to present the Service unromantically as a way of life, men going daily to their office to earn their pensions, the background much like that of any other profession - whether the bank clerk or the business director - an undangerous routine, and within each character the more important private life. When I had spent a few years in the Service during the war, first in West Africa and then in London, I had certainly found little excitement or melodrama coming my way.

...I began The Human Factor more than ten years before it was published and abandoned it in despair after two or three years' work...I abandoned it mainly because of the Philby affair. My double agent Maurice Castle bore no resemblance in character or motive to Philby, none of the characters has the least likeness to anyone I have know, but I disliked the idea of the novel being taken as a roman a clef. I know very well from experience that it is only possible for me to base a very minor and transient character on a real person. A real person stands in the way of imagination. Perhaps a trick of speech, a physical trait may be used, but I can write no more than a few pages before realizing that I simply don't know enough about the character to use him, even if he is an old friend. With the imaginary character I am sure - I know that Doctor Percival in The Human Factor admires the painting of Ben Nicholson, I know that Colonel Daintry will open a tin of sardines when he returns from the funeral of his colleague.

...I sent a copy of the book to Moscow, to my friend Kim Philby, and his reply interested me. His criticism was valid. I had made Castle's circumstances in Moscow, he wrote, too bleak. He himself had found everything provided for him, even to a shoehorn, something he had never possessed before.

from Ways of Escape, pp.255-258


Miguel Castellví

marcel sekatcheff

¿me pueden enviar el argumento de la navela de Graham Greene
el factor humano?

JJGN

Tiene razón Miguel Castellví. Soy responsable del título.

El objetivo de poner ese y no otro, era simplemente el de que resultara mínimamente provocativo. Primero para pensar al leerlo, y luego para animar a escribir.

Ya sé que es difícil abrir un pequeño espacio en la propia agenda personal para animarse y encontrar un poco de tiempo para decir por escrito lo que se nos queda en mente tras la lectura del texto.

Quisiera animar al lector a escribir, porque los asuntos planteados por Miguel C. y por Carmen Sofía B., y ahora también por Helena Ospina (aquí), no son precisamente menores.

Esperemos nuevos comments sobre estos particulares. A todos nos gusta leerlos. Siempre hay alguien que los escribe. Y siempre cuesta mucho más esfuerzo y tiempo esto último. El escribir es un oficio parecido a la cocina. Quien hace un plato de croquetas, por ejemplo, emplea mucha de su experiencia en este arte y muchos ingredientes bien equilibrados y sazonados; y desde luego emplea tiempo en abundancia al preparar remota y proximamente esas croquetas. Luego viene quien las come, y lo hace casi sin darse cuenta de lo buenas que están, ni del trabajo que ha costado hacerlas. Incluso, quizá, piensa que les falta un poco de sal...

Perdón por la semejanza, pero la situación es más o menos de este tenor. Estos son los gages del oficio en todas las artes, sean más o menos utilitarias o liberales.

Quisiera animar, de todos modos, a Miguel Castellvi y a Carlos Jodar a pronunciarse sobre lo dicho por Carmen Sofía Brenes y por Helena Ospina (aquí). Aunque Miguel haya respondido a la segunda pregunta de Carmen Sofía, me parece que la primera también le afecta de lleno.

Queda en espera la ocasión de hablar personalmente con Barbara Nicolosi, quienes estemos en Roma, porque que probablemente estará con nostros el próximo dia 1 de diciembre.

Miguel Castellví

Respondo a la pregunta sobre el título del artículo sobre Greene: ha sido el editor -JJGN- quien ha elegido el título.

Miguel Castellví

csb

He leído con mucho interés el artículo sobre Graham Greene y lo agradezco, entre otras cosas, porque Miguel Castellví nos lo ha ofrecido en su versión larga que es, a mi juicio, más clara que el texto reducido publicado en Aceprensa. También he tenido la oportunidad de releer el capítulo que Charles Moeller dedica a Greene en su obra Literatura del siglo XX y cristianismo.

A partir de estas lecturas, querría plantear un asunto, sabiendo que corro el riesgo de repetirme. De antemano pido disculpas.

Veo que no es nada sencillo juzgar una historia y el posible sentido católico o trascendente que pueda o no tener.

Entre paréntesis, supongo que es a esta operación a lo que MC se refería cuando preguntaba, en su último comentario al post de Armando Fumagalli, en mayo pasado:

"No sé si me meto en un asunto más complicado cuando me pregunto por qué la literatura del XIX ha sido capaz de producir obras como “Ana Karenina” o “Crimen y Castigo”, donde los autores son capaces de sugerir que las acciones de los protagonistas, buenas o malas, son justas o equivocadas, sin que se les vea el plumero..."

Cuando Moeller estudia The end of the affair (El fin de la aventura, 1951) de Greene, hace un análisis muy detallado del protagonista Scobie y de sus acciones (al resumirlas, dice, por ejemplo, que Scobie “mata a su mujer, se entrega a la ilegalidad, se hace cómplice de un asesinato, engaña a su esposa, hace comuniones sacrílegas y acaba en el suicidio”), y llega a preguntarse por el destino eterno del personaje: si Scobie se ha salvado o no.

Este modo de afrontar el estudio de una historia, si se queda allí, me produce un cierto desasosiego, porque, como todos sabemos, los personajes que aparecen en un relato no son personas de carne y hueso, como lo somos los lectores, sino unos instrumentos o elementos - como pueden ser los vientos o las tempestades -, que el autor emplea para narrar su historia. Y, por eso, sus acciones no pueden calificarse como virtuosas o viciosas en su relación directa con los criterios morales del mundo en el que habitualmente vivimos.

Por otra parte, entiendo perfectamente que para analizar una obra, como hace Moeller, sea necesario observar con detenimiento a sus personajes y en particular al protagonista, pues constituye de ordinario el mejor guía para introducirnos en la narración y entenderla.

Lo que querría plantear aquí, con el deseo de conocer otras opiniones y quizá algún argumento que tire por tierra lo que voy a decir, es que la valoración que se hace del comportamiento de los personajes no tiene como punto de referencia, directamente, los criterios morales del mundo en el que habitualmente vivimos. Sino que, más bien, se trata de un juicio que pasa por el tamiz de la lógica propia del mundo posible en el que habitan tales personajes.

Y que la respuesta a la pregunta de si una historia está o no abierta a la trascendencia, surge del encuentro entre el lector o espectador en cuanto persona y la obra con su lógica interna. Y no tanto de la valoración que se pueda hacer de uno u otro personaje independientemente considerado.

Me parece que algo de esto ha salido en los posts y comentarios al artículo de Carlos Jódar, “Parábolas y Protestas”. Cuando hablábamos, por ejemplo, de la parábola de los obreros de la primera hora, de algún modo se dijo que la causa de las quejas de aquellos obreros era que no se esperaban la “salida” magnánima de su amo: ellos vivían en un mundo en el que sólo concebían la justicia en un sentido horizontal, mientras que el amo fue capaz de saltarse esa estrechez de cálculos y “dar más”, porque sí.

Decía CJ:

"Todo parecía indicar que habían trabajado para un patrón liberal, dispuesto a tener contentos a sus empleados con un insospechado aumento de sueldo y, en cambio, se encuentran con uno que usa una lógica inusitada, según la cual no es necesario que exista proporción entre el salario y el trabajo efectivo".

En el mundo posible de esta parábola, lo cristiano, por así decir, no está en ésta o en aquella acción de éste o ese personaje, sino en que en esa contextura que forman los personajes en acción hay cabida a ese algo misterioso que tiene que ver con la libertad humana y con la capacidad de dar más de sí, porque se “es” más. Algo que en este caso, se ha puesto de manifiesto en la decisión magnánima del amo de pagar a los obreros de la última hora con un denario (tal como había acordado con los de la primera).

Tengo la impresión que algo así es lo que hace Moeller, sin explicitarlo, cuando estudia a fondo a Scobie, en The End of the Affair. Especialmente cuando analiza el final de la vida del protagonista, que muere pronunciando las palabras: “O God, I love...”, y señala que este final, que podría pasar a los ojos de algunos “por un piadoso Deus ex machina”, en realidad no lo es. Y explica por qué.

Esta última frase no se trata de un golpe teatral, dice Moeller, porque está en relación con todo el resto de la vida de Scobie, donde en medio de una trama aparentemente uniforme, brilla un minuto privilegiado en el que el protagonista realiza “un acto perfecto de amor a Dios”. Y añade Moeller: “Cuando la niña que agoniza ante él pide ver a su papá, Scobie se ve anegado por una compasión tal, que pide a Dios que le prive a él de la paz para siempre con tal de que la niña muera en paz: «Padre –oró-, dadle la paz. Tomad para siempre la paz mía, pero dadle la paz» (...). Scobie hace aquí una oración perfecta. Y es escuchado; en el momento en el que la niña, en un instante de lucidez, percibe la sombra chinesca del conejillo que Scobie perfila sobre su almohada, cree ver a su papá, sonríe y muere en la paz de una infancia recobrada”.

“Scobie, continúa Moeller, no se ha imaginado el alcance de su gesto”. Y, sin embargo, ese gesto es clave, no para Scobie, que a fin de cuentas es un personaje, una creación de cartón piedra al servicio de la historia, sino para nosotros, los lectores, porque en él advertimos un acto que es heróico en el contexto de esa historia y en el de nuestras propias vidas, que es el que da sentido y se convierte en punto de referencia de todas las demás acciones a las que asistimos.

De momento, yo no sabría explicar mejor qué es lo que ocurre en esta historia y probablemente en el resto de obras de Greene. Lo que intuyo es de allí proviene el apellido de “católico” con el que algunos apostillan a Greene, cuando en realidad, como bien recoge MC, citando al mismo Greene, se trata de un escritor en el que se da el caso de ser católico.

Lo que ocurre es que al serlo, esa visión o lógica de la vida (que por otro lado es la que las cosas tienen por naturaleza), quiéralo o no (de un modo más involuntario que voluntario, quizá), constituye por analogía la lógica de los mundos posibles que ha creado.

Hasta aquí, lo que quería proponer.

Además, tengo algunos comentarios y preguntas:

1. Me ha parecido muy sugerente la idea de Barbara Nicolosi en el post “On the subject of literature and faith: is the author's life relevant?” (12 oct) cuando señala que aunque en algún momento pensó que “los pecadores tenían cosas más profundas que decir en arte”, más tarde entendió que lo que hace que alguien sea profundo no es el pecado, sino el sufrimiento. Y añade que quien peca sufre. Mi pregunta es ¿qué hace que un autor con vida desarreglada pueda dar a luz verdaderas obras de arte?

2. La otra pregunta es para MC: ¿porqué el título del artículo está entre signos de interrogación?

Gracias.

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