Barbara Nicolosi, promotora de “Act One: Writing for Hollywood”, estuvo el miércoles 1 de diciembre en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. Participó en un encuentro con los estudiantes de Comunicación. Tuvimos una sesión en el seminario de Poética y Cristianismo.
Mantuvo también un coloquio con algunos profesores sobre el momento por el que atraviesa la industria americana del cine. Es más fácil resumir aquí lo hablado acerca de esto último que lo tratado en los otros dos encuentros.
Según Nicolosi, el nuestro es el “tiempo de las canciones tristes”. La actual generación de artistas le recuerda a “people sing sad songs by the streams of Babilone” (toma el ejemplo de su amigo el guionista Craig Detweiler, autor del libro “A Matrix of meanings”). Son los jóvenes de la Generación X, quienes no han llegado a conocer Jerusalén, pero identifican la Ciudad Santa como su casa. Son los hijos de la generación que protagonizó la revolución sexual. Han vivido tragedias familiares, son hijos de divorciados o tienen hermanos que han sido abortados, y aunque no juzgan a sus padres, a quienes quieren bien, no pueden evitar la nostalgia de algo que han perdido, que no saben exactamente lo que es, pero que les pertenecía y de lo que han sido privados. Por eso sus canciones son tristes. Por eso, dice Barbara Nicolosi, las buenas comedias de nuestros días, como “Lost in translation” o “Eternal Sunshine” acaban siempre en drama. Hay que ser pacientes y comprensivos con estos artistas tristes y melancólicos, continúa diciendo Nicolosi, quien espera que la siguiente generación recupere, con el arrepentimiento, la alegría.
En cuanto al papel de los católicos en Hollywood, Nicolosi opina que han estado ausentes durante mucho tiempo. Y, en parte, todavía lo están, a veces con una actitud eminentemente negativa hacia la televisión y el cine, sin querer aceptar que en la actualidad éstos cumplen la función que la iglesia ha desarrollado en precedentes centurias. Esta actitud, explica la norteamericana, recuerda a un ratón que, encerrado en la misma habitación que un león, decide ignorarlo, despreciarlo, diciéndose a sí mismo que el león no existe. Si queremos re-cristianizar la sociedad hay que invertir en la formación de los artistas y gente que “hace” la cultura, aunque sea ésta una inversión que no siempre de frutos a corto plazo.
Cuando se le pregunta sobre los valores que identifican una película como cristiana, su respuesta es bastante concreta. No serían, dice, lo valores simplemente “humanos”, aunque todos ellos sean cristianos. Por ejemplo, “In America” es una hermosa película con indudables valores, pero es también culturalmente pagana. Lo que sucede es que se estrenan tantas películas infra-humanas, que en cuanto aparece una con ciertos valores tendemos a etiquetarla como “cristiana”.
Valores específicamente cristianos son, por ejemplo, el sentido de la sacramentalidad, o de que "el bien y el mal no son siempre iguales", o la seguridad de que la Gracia siempre es ofrecida. También se podría hablar de valores específicamente católicos, dice Nicolosi, como el papel de la castidad.
Comentó a continuación que, en el caso de la literatura y el cine o la televisión, la situación en que nos encontramos puede verse con un ejemplo. Una novela cristiana como es “Retorno a Brideshead”, es un poderoso libro. Pero es hoy un libro del que, por desgracia, se prepara una adaptación en la que la limpia amistad entre Charles y Sebastian (uno de los puntos fuertes de la novela) aparecerá como una relación homosexual.
Barbara dice que es un ejemplo de una fuente cristiana pervertida por un artista pagano, justo lo contrario de lo que debería suceder: que los cristianos supiésemos utilizar lo pagano, dándole sentido cristiano. Pero, concluye, sin pesimismo, que ahora mismo no estamos en condiciones de hacerlo, pues ni siquiera formamos parte del juego, estamos aún al margen de la industria de la cultura y del entretenimiento; eso sí, estamos preparándonos para la aventura.
[Texto de E. Fuster]
[Puede descargarse aquí el texto completo de la entrevista hecha por D. Contreras y E. Fuster]
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